La tradición inicia con la Reina Victoria a mediados del siglo XIX, pero son las bodas reales y de celebrities que empiezan a replicar el uso de este color para después convertirse en un clásico matrimonial.

POR MAUDE BASS-KRUEGER

La Reina Victoria inició dos grandes tendencias en la moda durante su vida: el negro total para el luto y los vestidos de novia blancos (pese a que el negro llevaba vistiéndose para el luto desde los tiempos de Roma en Occidente, la Reina Victoria lo elevó a otro nivel). Hasta que ella llegó las novias de la realeza llevaban vestidos de novia de diferentes colores, con el rojo entre los más populares, mientras que los vestidos blancos estaban reservados para las mujeres que estaban siendo presentadas en la corte.

Decidida a dejar su propia huella, la Reina amante de la moda eligió un vestido no tradicional y una corona de flores para su boda con el Príncipe Alberto el 10 de febrero de 1840, en el que según dijo fue “el día más feliz de mi vida”. El vestido fue confeccionado con seda satinada color crema de Spitalfields e incluía un volante de encaje de Honiton en el cuello y las mangas, y junto a su cintura estrecha, sus enaguas de crinolina y sus adornos de encaje hoy día sigue siendo considerada la silueta “clásica” de vestido nupcial en el Occidente.

Retrato de la Reina Victoria en el día de su boda por el pintor Franz Xaver Winterhalter1847.
Retrato de la Reina Victoria en el día de su boda por el pintor Franz Xaver Winterhalter, 1847.

En cuanto se extendieron las noticias de la boda de Victoria la imitaron otros líderes europeos. Los nuevos vestidos fueron notablemente lujosos: lavar la ropa en el siglo XIX era agotador y los vestidos blancos eran difíciles de mantener. Al contrario que ahora, los vestidos de boda se vestían varias veces a lo largo de una vida; incluso la Reina Victoria utilizó el suyo para otros eventos. Con el aumento de la popularidad de los vestidos blancos para las bodas, estos adquirieron un nuevo simbolismo: el color empezó a ser sinónimo de pureza e inocencia, además de riqueza. Asimismo, el blanco lucía bien en las primeras fotos en blanco y negro o en tonos sepia.

No obstante, la democratización de los vestidos de novia blancos entre las casadas de la clase media europea y estadounidense tardaría aún unas cuantas décadas. Hasta entonces, muchas mujeres simplemente se pusieron su mejor vestido en el día de su boda. Cuando la sociedad prosperó tras la tragedia de la Segunda Guerra Mundial y la ropa se hizo más barata de producir, el vestido de novia blanco y de un único uso – así como la lujosa fiesta para presumir de él – se convirtió en algo característico de las bodas.

Los retratos de las bodas de Hollywood, así como la rapidez y facilidad con la que la gente pudo ver las fotografías de las bodas de las celebrities, ayudaron a cimentar la idea según la cual el matrimonio requería de un vestido blanco. En 1956, el metraje y las fotografías de Grace Kelly con su vestido de novia hecho de encaje, perlas y tul dieron la vuelta al mundo rápidamente. En 1981, 750 millones de personas vieron a Carlos, el Príncipe de Gales, casarse con Lady Diana Spencer con su vestido de tafetán de seda color marfil con una cola de casi 8 metros de largo diseñado por David y Elizabeth Emanuel. Más recientemente, el vestido de Kate Middleton de Alexander McQueen por Sarah Burton y el de Meghan Markle de Clare Waight Keller para Givenchy inspiraron copias de la noche a la mañana.

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