Paruresis: así es el trastorno que te impide orinar en baños públicos

El 5% de la población mundial es incapaz de ir al baño fuera de casa

Se conoce también como síndrome de la vejiga tímida

Tres de la mañana en alguno de los muchos festivales que inundan nuestra geografía cada verano. A pesar de haber volcado ya unos cuantos espirituosos, no has ido al baño en toda la noche. Un amigo propone acercarse a alguno de los inmensos lavabos que salpican. Allá que vais. Al acceder a los claustrofóbicos urinarios, en los que todo se escucha y todo se ve, intentas soltar lastre. No sale nada, y no es por falta de ganas. De nuevo, lo mismo que ya te ocurriera en más de una ocasión en los baños del centro comercial, de la discoteca, de tu gimnasio y hasta en los de la oficina en la que trabajas. Hasta que no llegues a casa, nada de nada.

Lo primero que debes saber es que tu caso no es único. Lo segundo, que si te ocurre de forma esporádica tampoco deberías preocuparte en exceso. Lo que probablemente te suceda es que formes parte de ese 5% de la población mundial que sufre paruresis. Un trastorno psicológico también conocido como síndrome de la vejiga tímida. Una suerte de fobia que impide a quienes la sufren orinar en presencia real o imaginaria de otros en baños públicos. Algo que no pueden evitar a pesar de que muchos de ellos son completamente conscientes de que su temor a ser vistos o escuchados mientras mean es completamente irracional.

Sea como fuere, lo cierto es que quienes sufren paruresis aseguran vivir un verdadero infierno ante la imposibilidad de desarrollar una vida social como la del resto de los mortales. Por si esto no fuese suficiente, saben que, en el caso de que no consigan atajar a tiempo el problema, las consecuencias físicas y psicológicas a las que se enfrentarán no serán menores. Y es que, a diferencia de lo que ocurre en los casos más leves, los los paruréticos más graves acaban por evitar concurrir a lugares que están alejados de sus casas e incluso, estando en su propio hogar, no siempre logran orinar de no encontrarse completamente solos.

A pesar de que este mal afecta a un porcentaje nada despreciable de la población, la comunidad médica ha venido advirtiendo de que todavía son muy pocos los que acuden al médico en busca de una solución a su problema. Sobre este asunto, el doctor Antonio Prunas, investigador en la Università degli Studi di Milano-Bicocca, indicaba que le impresionó «extremadamente el malestar de estos pacientes, así como el hecho de que se sentían abandonados e incomprendidos por los profesionales de la salud mental«.

¿Vejiga tímida, persona tímida?

Según han podido determinar, existirían distintos componentes, tanto físicos como psicológicos, que propiciarían la aparición de la paruresis. Al parecer, la tensión que sufren los esfínteres de estos enfermos, y que impide o dificulta la micción, estaría provocada por factores psicológicos tales como la ansiedad, el estrés o incluso traumas del pasado. Resulta a su vez llamativo que algunos estudiosos de este síndrome hayan observado que existen coincidencias en los cuadros psicológicos que presentan los diagnosticados con paruresis y quienes sufren complejo de inferioridad, una situación que se agrava en momentos de máxima exposición, como los que se viven en los servicios públicos.

Si tenemos en cuenta que, como les sucede a quienes tienen complejo de inferioridad, muchos paruréticos tienen también un desmesurado miedo a la crítica, no es de extrañar que su exposición a la posibilidad, por muy remota que ésta sea, de que un tercero observe sus genitales y realice algún comentario al respecto contribuya a la aparición de síntomas que desemboquen en este trastorno.

En cuanto a su afectación por sexos, si bien la paruresis es más frecuente en varones que en féminas, lo que más llama la atención es que aquello que impide o dificulta orinar a hombres y mujeres es muy distinto. En el caso de las paruréticas lo que más les perturba a la hora de orinar es la posibilidad de que alguien de su alrededor les escuche. A ellos, sin embargo, lo que más les influye en sus crisis es el poder ser vistos durante la evacuación.

Tratamiento para la paruresis

Una vez se detecta que se está sufriendo una crisis, lo que los propios paruréticos aseguran mejor les funciona es utilizar distintas técnicas de relajación. Si pese a ello no se consigue que remita, lo mejor es acudir a un especialista.

Es en este último caso, al paciente se le suele someter a una terapia cognitivo-conductual dividida en dos fases. La primera, encaminada a identificar los temores o traumas que le han llevado a su situación. La segunda, dirigida a modificar la conducta a través de la exposición del paciente a todos esos miedos que le causan el trastorno.

En Japón, donde parece que el número de paruréticos no deja de crecer, muchos de los baños públicos cuentan ya con un sistema ideado para ayudarles a orinar. Se trata de un pequeño dispositivo adherido a la pared que, al pulsarlo, reproduce durante unos segundos el sonido de una cascada de agua. Un efecto que por un lado favorece la evacuación y por otro camufla el sonido que se emite al mear. Quizás pronto los acabemos viendo por aquí.

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