El tiempo de degradación del plástico es uno de los más largos dentro de todos los desechos que tiramos cada día a la basura. Las cifras oscilan entre los 150 años y 1.000 años, dependiendo del grosor, del tipo de material empleado para fabricar el plástico y las condiciones medioambientales a las que queda expuesto, ya que los diferentes tipos de plástico se descomponen más rápido en la superficie terrestre que en el mar, por ejemplo. Por ello, es necesario tomar medidas para reducir el consumo de plásticos si queremos evitar que contaminen nuestro medio.

Una bolsa de plástico, de esas que suelen ofrecer en tiendas y supermercados, tarda unos 150 años en degradarse, mientras que una botella de plástico (PET) puede llegar a tardar hasta 1.000 años.

En el caso de los vasos de plástico, habituales en oficinas y fiestas, tardan 50 años en desaparecer, así como a los globos, también habitual de fiestas y celebraciones, les cuesta hasta 60 meses, mientras que a los mecheros les cuesta 100 años y a las suelas del calzado entre 10 y 50 años.

Si hablamos de los típicos cubiertos de plástico, estos tardan hasta 400 años en degradarse, e incluso el hilo de pescar tiene un tiempo de degradación amplio, más de lo que nos imaginemos: 600 años.

La única manera de evitar este problema es el reciclaje, ya que así podemos reutilizar el plástico en lugar de dejar que se degrade en el medioambiente o acabe en el mar poniendo en riesgo la flora y fauna de los mismos. Por eso no es de extrañar que cada vez más se apueste por materiales biodegradables y alternativos al tóxico plástico.

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